domingo, 18 de febrero de 2007

Del agresivo discurso de Chávez en la ONU a la cruzada por estar en el Consejo de Seguridad: una flagrante contradicción

Del agresivo discurso de Chávez en la ONU a la cruzada por estar en el Consejo de Seguridad: una flagrante contradicción

El gobierno venezolano inició desde principios de año una cruzada internacional para reunir los votos suficientes para ingresar como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Previamente, en la asamblea general de la ONU del pasado año, y en la del presente, realizada en septiembre, el presidente Chávez dio sendos discursos donde subrayó el fracaso de dicha organización internacional, así como su carácter antidemocrático. Pero en su discurso del pasado mes en New York, fue aún mucho más duro contra dicho organismo y especialmente contra el gobierno de Bush, levantando sus palabras un revuelo internacional, muy particularmente en Estados Unidos, donde las opiniones sobre su alocución estuvieron divididas. Simultáneamente, presentó una serie de medidas para reformar dicha institución multilateral.

Esta cruzada a la que hacemos referencia, tuvo como instrumento central de negociación la riqueza petrolera venezolana. Distintos acuerdos económicos se firmaron con diversos países y empresas transnacionales, en aras de lograr el consenso para ingresar al Consejo de Seguridad. Sin embargo, estos convenios mediante los cuales se comprometen los recursos naturales del país, especialmente en los ámbitos gasífero y petrolero, no fueron discutidos con los trabajadores de nuestra principal industria, y mucho menos, sometidos posteriormente a la consideración del conjunto del pueblo venezolano, soslayándose así la tan cacareada “democracia participativa y protagónica”, contemplada en la constitución.

La ONU es un aparato contrarrevolucionario al servicio del imperialismo

Por otra parte, es necesario ir al fondo del problema y preguntarnos: ¿qué es en esencia la ONU? Y particularmente, ¿cuál es la naturaleza de su Consejo de Seguridad? ¿Por qué Venezuela debe estar representada en ese organismo? ¿Valía la pena firmar acuerdos petroleros y gasíferos con empresas transnacionales, sin previa consulta con los trabajadores y el pueblo, para obtener los votos necesarios para ingresar a dicho organismo? Visto el desenlace final, en el que Venezuela no logró los votos necesarios para ingresar al Consejo de Seguridad, y terminó negociando con Guatemala el ingreso de Panamá, las preguntas anteriores cobran particular importancia.

Para Lenin, la Sociedad de Naciones, antecedente histórico de la ONU, era una “cueva de bandidos”, mientras que para el Ché Guevara, la Organización de Estados Americanos, organismo equivalente a las Naciones Unidas en América Latina, era un “ministerio de colonias de los Estados Unidos”. Hoy tendríamos que decir que la ONU es una “cueva de ladrones” y un “ministerio de colonias del imperialismo y las transnacionales a escala internacional”.

Efectivamente, eso es la ONU y todos los demás organismos multilaterales creados después de la Segunda Guerra Mundial, los cuales están supeditados a los designios imperialistas de Estados Unidos y las demás potencias. Y más aún su Consejo de Seguridad, que es una cúpula antidemocrática y restringida, donde el poder de veto de Estados Unidos se impone por encima de cualquier otra intención.

Ingresar al Consejo de Seguridad contradice discurso de Chávez en la ONU

Resultan a lo menos contradictorios, los discursos de Chávez en las Naciones Unidas, y su denuncia como organismo antidemocrático, y la tibia política que se propone para reformarlos, así como el afán de ingresar a un organismo que en esencia es el “Estado Mayor” internacional del imperialismo, donde se fraguan las políticas y acciones bélicas contra los pueblos del mundo.

Su reciente discurso en la ONU tuvo un tremendo impacto antiimperialista en muchos lugares del mundo, y muy especialmente en los Estados Unidos, donde una parte importante de la población -50%, según las encuestas- compartió el rechazo a Bush. Igualmente denunció el carácter antidemocrático del organismo. Sin embargo, sus propuestas de reforma no trascienden el marco institucional, y no rompen con el imperialismo, mucho menos la insistencia en tratar de ingresar al Consejo de Seguridad como miembro no permanente, lo cual significa estar sólo dos años en dicho organismo, prácticamente imposibilitado de hacer absolutamente nada, limitado por el poder de veto de Estados Unidos.

Ingresar al Consejo de Seguridad creyendo que es posible cambiar desde adentro este organismo hecho a imagen y semejanza del imperialismo yanqui, o de ser una voz discordante en su Consejo de Seguridad es a lo menos, una tremenda ingenuidad, cuyo intento infructuoso, creemos que ha resultado demasiado costoso económicamente para el país. Más aún si consideramos que el acuerdo con Guatemala ha significado el ingreso del gobierno neoliberal de Martín Torrijos, el cual recientemente auspició un referéndum para la ampliación del Canal, apoyado por el empresariado panameño y las transnacionales, a través del cual Estados Unidos continuará prolongando su control sobre el mismo. Gobierno que supuesto, no garantiza la más mínima independencia en el Consejo de Seguridad, respecto a las transnacionales y el imperialismo.

En realidad, estar en la ONU sólo puede servir para denunciar abiertamente en el seno de la asamblea general su carácter reaccionario y antidemocrático, al servicio de los intereses del imperialismo y las transnacionales, así como la necesidad de destruir este aparato contrarrevolucionario en el marco de la lucha mundial de los trabajadores y los pueblos por su emancipación del capitalismo.

No sólo de palabras vive el hombre

Compartimos en general los términos antiimperialistas del discurso de Chávez en la ONU, no obstante, creemos que esto debe ser acompañado por medidas del mismo corte en el plano nacional.

Chávez no es el primero que denuncia abiertamente al imperialismo en la asamblea general de la ONU. Antes el Che Guevara y Fidel Castro en el marco de la Revolución Cubana lo hicieron, sin embargo, sus discursos iban acompañados de medidas antiimperialistas que se materializaban en la expropiación de las transnacionales al calor del proceso revolucionario.

En Venezuela esto aún no se concreta. Creemos que a los discursos encendidos contra el imperialismo deben corresponderse medidas que afecten directamente sus intereses.

La deuda social, la deuda externa y la lucha contra la injerencia imperialista

La deuda externa: un tema del que poco se habla en el país

La deuda social, la deuda externa y la lucha contra la injerencia imperialista

¿Qué relación hay entre la deuda social acumulada con el pueblo y los trabajadores durante los años del “puntofijismo”; la cuantiosa deuda externa que todavía paga el Estado venezolano y el enfrentamiento a las constantes amenazas y presiones del imperialismo contra nuestro país? Estos tres aspectos de la realidad actual están íntimamente relacionados, y pasaremos a explicar esta afirmación.

En el último número del periódico Opción Socialista, del Comité Nacional Impulsor del Partido Revolución y Socialismo, del cual formamos parte, se titula en la primera página: “Llegó la hora de cancelar la deuda social”. Y en las páginas interiores se proponen varias medidas para enfrentar de manera concreta y efectiva las frecuentes agresiones del gobierno norteamericano contra el pueblo venezolano, una de ellas es la suspensión del pago de la deuda externa. He aquí como se relacionan estas tres variables.

¿Pagar al imperialismo o pagar la deuda social con el pueblo?

Para poder pagar la deuda social con el pueblo (vivienda, educación, salud, trabajo, seguridad social, recreación, cultura), negada sistemáticamente por el imperialismo y sus aliados nacionales, que gobernaron en función de los intereses de la burguesía y en desmedro de las necesidades populares, es necesario no continuar pagando una deuda externa ilegal, contraída fraudulentamente por los mismos empresarios y corruptos que durante 40 años disfrutaron de las mieles del poder, gracias a los buenos oficios de adecos y copeyanos, y que luego organizaron el golpe de abril de 2002 y el paro-sabotaje contra PDVSA. Los mismos que fueron beneficiarios del “mejor refinanciamiento del mundo” de Lusinchi, mediante el cual el gobierno reconoció la deuda de los empresarios privados a tasas preferenciales, echando ese pesado fardo en los hombros de los trabajadores y el pueblo, quienes hemos tenido que pagar con nuestro esfuerzo y sacrificio esa criminal decisión. Lamentablemente, todavía hoy, después de la lucha encarnizada de los trabajadores venezolanos contra los partidos de la burguesía y el imperialismo, en defensa del proceso revolucionario, el Estado venezolano, más específicamente, el gobierno del presidente Chávez, continúa pagando fielmente y sin retrasos esta deuda ilegal. En rigor, es el pueblo pobre y los trabajadores quienes seguimos cancelándoles a los empresarios, a los patronos, a los dueños de medios de comunicación golpistas, la deuda que contrajeron en tiempos de la guanábana adeco-copeyana; ya que una parte importante de los recursos provenientes de las exportaciones petroleras, de aluminio, de hierro, de acero, y de las principales riquezas del país, explotadas y transformadas con el trabajo del pueblo, en lugar de destinarse a la construcción de viviendas, a mejorar los servicios de salud, a extender las Misiones a toda la población, a construir más escuelas, liceos y universidades, así como más y mejores vías de comunicación y de infraestructura, o para el desarrollo de la producción agrícola, mediante una reforma agraria profunda y la dotación de insumos para los trabajadores del campo, se utiliza para pagar esta deuda de dudosa procedencia, que sigue engordando los bolsillos de los explotadores. Dejemos que sean las cifras que hablen por sí mismas, y para ello utilizaremos datos del Ministerio de Finanzas.

El gobierno habla contra la deuda “eterna” pero paga puntualmente

En este momento –al cierre de 2005- la deuda externa venezolana asciende a 31 mil 63 millones de dólares, mientras que al cierre de 2004 era de 27 mil 475 millones de dólares, lo cual significa que se incrementó en 3 mil 588 millones de dólares con respecto al pasado año. Pero lo más grave es que nuestra deuda externa en la actualidad es mayor que la que existía en 1998, antes del ascenso de Chávez al poder, en aquel entonces era de 23 mil 331 millones de dólares. Es decir que se ha incrementado en los últimos siete años en 7 mil 732 millones de dólares. Pero no sólo ha aumentado la deuda externa durante el actual gobierno, sino que además se ha pagado puntualmente, una cantidad ingente de recursos, los cuales podrían haber sido empleados para el bienestar del pueblo. Entre 1999 y el pasado año se han pagado a los acreedores externos un total de 24 mil 835 millones de dólares, una cantidad similar al monto total de la deuda en 1997. Es decir, se sigue pagando y la deuda no se reduce, por el contrario, aumenta significativamente.

Por otra parte, durante el presente año nuestro país debe pagar por amortización e intereses de deuda (interna y externa) un total de 14 mil millones de bolívares, una cantidad superior tanto al presupuesto del Ministerio de Educación (Bs. 11,7 billones) como al de Salud (Bs. 4,4 billones).

Pero seguir pagando la deuda externa no sólo significa desviar recursos a bancos y organismos financieros internacionales en lugar de utilizarlos para pagar la deuda social. No sólo es un problema moral en la medida que se sigue pagando una deuda ilegal y fraudulenta contraída por los gobiernos de la IV República y por empresarios golpistas enemigos del proceso revolucionario. También es un asunto que afecta la independencia y soberanía del país frente al imperialismo.

Enfrentar al imperialismo pasa por no pagar la deuda externa

Efectivamente, no pagar la deuda externa está relacionado con la defensa de la soberanía del país frente a las constantes agresiones del imperialismo.

La deuda externa es un mecanismo económico de dominación e injerencia política del imperialismo en los asuntos internos de los países, en la medida que, mediante la presión y el chantaje de los bancos transnacionales y los organismos financieros internacionales, como el Banco Mundial o el FMI, se determinan y condicionan las políticas públicas que en el ámbito económico, formulan las naciones.

Por otra parte, los recursos que pagamos a la banca internacional, son utilizados por el imperialismo para agredir y someter a otros pueblos. Esos miles de millones de dólares cancelados por nuestro país sirven para pagar el combustible que mueve las máquinas de guerra norteamericanas en Irak, Afganistán y el Medio oriente, o para invadir a Haití.

De allí que nos opongamos a pagar la deuda externa, o a utilizar el 25% de las reservas internacionales para cancelar parte de la deuda, tal como recientemente planteó el presidente del Banco Central. De hecho, eso es lo que precisamente quieren el FMI y el Banco Mundial, y seguramente ya se están produciendo presiones de estos organismos para que el gobierno venezolano aproveche la bonanza petrolera para reducir la deuda, tal como han hecho, según un estudio del Fondo Monetario Internacional, los países petroleros del Medio oriente y de Asia central, o como hicieron los gobiernos de Lula y Kirchner.

De allí que para enfrentar al imperialismo no basta con discursos altisonantes o declaraciones que no se plasman en medidas concretas. Es necesario movilizar al pueblo y los trabajadores, y adoptar decisiones que enfrenten en los hechos las agresiones y la injerencia imperialista, tales como la nacionalización de la banca y el control del comercio exterior, la constituyente petrolera, para no seguir entregando nuestros yacimientos petroleros y gasíferos, el armamento del pueblo y los trabajadores, así como suspender el pago de la deuda, convocando previamente un referéndum para que sea el pueblo quien decida democráticamente una medida de esta envergadura.